Ayer mientras te esperaba
me herí con un cuchillo
La sangre veló tu espejo de plata
marchitó las cuerdas del rabé
No viniste a restañar la herida
Alguien
(hombre o demonio)
golpeaba tercamente el atabal
Sólo vino el viento
el solitario
y triste viento
Eduardo Chirinos. Breve historia de la música
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